¿CUÁNTO DEBEN ESCRIBIR LOS PROFESORES DE DERECHO?
Israel Leonardo Patzi Condori
Universidad Mayor de San
Andrés
En base a la premisa todo
docente es o debe ser un investigador en la sociedad de la información, surge
un problema presente en las carreras o facultades de Derecho de Bolivia:
¿Cuánto deben escribir?
Los rankings mundiales, como
QS World University Rankings by Subject
2021 miden a las mejores universidades (así tambien a las carreras de Derecho) a
través de indicadores como: revisión de pares académicos, medida de compromiso
docente, la reputación del empleador, estudiantes extranjeros, personal
académico extranjero y el impacto de la investigación. Sobre este último indicador
se mide la calidad profesional de científicos en función de la cantidad de
citas que han recibido de sus artículos[1]. Por ello no es extraño
que la Facultad de Derecho de la UNAM, de la UBA, entre otros, son los punteros
en estos clasificadores internacionales. Sin embargo, nuestras carreras o
facultades bolivianas no aparecen en el radar u ocupan puestos muy alejados de
los primeros puestos. A esto se suma el débil cimiento básico de la escritura
como es el hábito de lectura. Según datos del IPSOS solo el 7% y 8% de personas
encuestadas leen cinco libros al año[2] lo que repercute en la
escritura en general y académica en particular.
Retomando nuestra
interrogante inicial y limitándolo solo a términos cuantitativos, ya que la
calidad de escritura dependerá de otras formas de evaluación, será mejor
dirigir la mirada hacia el norte global para comparar nuestra actual situación.
En ese sentido, la obra de Wendy Laura Belcher (2010, p. 30) nos aporta datos
importantes sobre la escritura de profesores universitarios: sólo el 25% de los
profesores de Estados Unidos de Norteamérica dedica ocho horas semanales a
escribir, 27 % nunca había publicado en revistas académicas y el 26% no dedica
ninguna hora a escribir. Como se puede observar, en el país con las
universidades más prestigiosas y que ocupa los primeros lugares en los QS, la
escritura de profesores universitarios tiene sus dificultades.
No obstante retornando a
nuestro país, parte del sur global, verificamos la inexistencia de
investigaciones que arrojen datos a la manera de Belcher sobre la producción
académica en general y en particular en materia jurídica, y así establecer un
baremo de producción (por ejemplo, de tiempo, número, etc.). No obstante, una
descripción desapasionada de la producción del plantel docente de las carreras o
facultades de Derecho del país puede señalarse lo siguiente: (1) son pocos los
docentes que escriben artículos académicos en revistas indexadas; (2) la
producción existente se reduce a manuales de la materia que regentan; (3) el
mercado de esos manuales se reduce al alumnado del docente y no compiten con
manuales extranjeros; (4) no existe incentivos económicos para la escritura
como, por ejemplo, concursos; (5) los textos producidos en los años sabáticos
muchas veces no se publican; (6) no hay una política seria de investigación;
(7) no hay equipos de investigación para compartir información nueva y compitir
a nivel mundial; entre otros factores que dificultan la escritura académica.
Por otro lado, según una encuesta
realizada por Mario Clemente Zárate Fabián (2017), aplicadas a estudiantes de
tercer semestre de la Carrera de Ciencias de la Educación de la UMSA, el 96% de
los estudiantes manifiesta que tuvo dificultades en la elaboración de textos
escritos durante su carrera. Así tambien, en un 70% de los encuestados
consideran que los docentes deberían enseñar a escribir en todas las materias. No
siendo lejano los datos ni tampoco la disciplina social en que la que se midió
una cuestión tan importante como es la escritura académica, podemos observar
déficits relacionados con la responsabilidad de los docentes en cuanto a
elaboración de textos académicos extensibles tambien a otras carreras como
Derecho.
La pregunta inicial, ¿cuánto
debe escribir un docente?, se hace más dificultoso resolver debido a la falta
de condiciones para hacerlo. Decir 10 o 100 artículos al año sería una
arbitrariedad ya que se requiere contrastar nuestras observaciones con
investigaciones académicas para tomar decisiones informadas, esto es, políticas
académicas. Sin embargo, no escribir tiene consecuencias negativas: no
participar en la agenda de discusión mundial, ser dependiente del conocimiento
extranjero y por consiguiente hacer trasplantes jurídicos con consecuencias negativas
en nuestra sociedad, estancarse en manuales con información secundaria y
desactualizada, y continuar con ciertos prejuicios como el tipo “sólo el alemán
es profundo”.
Sin importar el dificultoso
contexto señalado, el paso inicial que contribuirá a resolver el problema es la
generación de hábitos de lectura. Los concursos de ensayos tambien ayudarán a
ejercitar la escritura. La conformación de grupos o redes de investigación
también es otro cimiento. Aplicar metodologías de discusión ayudarán de gran
manera en desarrollar capacidades de argumentación y colaboración. En
consecuencia, si desarrollamos estos y otros hábitos relacionados con la
escritura académica, la pregunta inicial de este ensayo podrá ser
sustituida por: ¿Cómo evaluaremos la calidad de nuestros textos?
Referencias bibliográficas
Belcher Wendy
Laura (2010). Artículo académico en 12 semanas. Guía para publicar con
éxito. Flasco. México.
Mario Clemente Zárate
Fabián (2017). La escritura académica, dificultades y necesidades en educación
superior. En Educación Superior, 2(1), CEPIES. Pp. 46-54
[1] QS utiliza los datos de citas de Thomson Reuters y Scopus. Al respecto,
véase, https://www.qs.com/about-us/ Otros clasificadores mundiales representativos
son: Academic Ranking of World
Universities y Times Higher Education
World University Rankings.

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